Dispárame otra vez.

No se cómo empezar.

El azar, el destino, o la suerte,

o todos ellos se colaron

por todas mis grietas.

Sentí esas cosquillas.

Cosquillas de mariposa.

O de ángel,

cuando vi mis heridas

desaparecer en tus labios.

Quizá es la sal de tus lágrimas.

Quizá es el mar en tus ojos,

cristalino.

Quizá es el frío de invierno

o el calor del verano.

Pero me estremezco.

O me estremeces

en cada disparo con el que me lanzas

al vacío.

Dispárame otra vez.

Quiero precipitarme contigo.

Sintiendo la adrenalina que es tocarte

y no querer dejar de hacerlo.

Y me encuentro escribiéndote versos

una y otra vez.

Aunque no todas las historias

puedan explicarse

desde un punto de vista racional.

Publicado por aidapreus

Maestra de Educación Primaria y futura pedagoga terapéutica.

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